Sería imperdonable obviar esta entrada.
Pues tal día como hoy, 8 de diciembre de 1585.
En la isla de Bommel -entre los brazos de los ríos Mosa y Vakal. Guarnecían esta isla unos 4.000 hombres, soldado con mas de 20 años de servicio. "flor del ejército español". Era prácticamente toda la infantería española que había en Flandes en esa época.
Viéndose los españoles rodeados de un mar que los obliga a retirarse a las dunas que sobresalen y al montecillo de Emplen para no perecer ahogados, quedando sitiados por el agua y presos en tres islotes a merced de la. escuadra Protestante. Pasaron allí cinco días mal vestidos, mal alimentados, empapados de agua y ateridas de frío.
Un soldado rompió con un zapapico el hielo que cubría la trinchera, y al profundizar en la tierra tropezó con un objeto de madera. Era una tabla en la cual vio, con gran sorpresa y alegría, qué estaba pintada en frescos colores la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
considerando el hallazgo de aquella imagen como señal de una próxima protección celestial, dirige a los soldados estas palabras: “¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota; el milagroso hallazgo viene a salvarnos. ¿Queréis que se quemen las banderas, se inutilice la artillería y abordemos de noche las galeras, prometiendo a la Virgen ganarlas o perder todos, todos, sin quedar uno, la vida?..."
"¡Sí, sí; queremos!", fué la unánime respuesta de aquellos héroes.
La imagen de la Inmaculada Concepción se la colocó en un trono, teniendo como dosel la bandera de España.
Aquella misma tarde, 7 de diciembre, se levantó un viento fuerte e intensamente frío que barrió parte de las aguas y éstas comenzaron a congelarse.
Los enemigos Protestantes, ante el temor de quedar apresada entre los témpanos del Mosa congelado, levantan el cerco y se retiran. Cuentan los historiadores que el enemigo conde de Holac pronunció entonces estas palabras: "Parece que Dios es español"
La Infantería española rinde su bandera y su corazón a las plantas de María Inmaculada; la proclama su Patrona y Abogada; la reconoce como Reina y Señora en la tierra, y pide, para todos y cada uno de los que visten el uniforme militar, la gracia de poderla aclamar también algún día Reina, Señora y Madre, formando en las filas de su corte en el reino de los cielos.
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